Las botas de Vincent

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“Un par de botas”, Vicent Van Gogh (1886), de Wikimedia Commons

    “Unos zapatos sucios”, señalaría cualquier hermano mío sin vacilar. Pero las cosas suelen ser más de lo que a primera vista parecen y un retrato de unas botas oscuras en el siglo XIX, no es solo eso. Vincent van Gogh acababa de mudarse a la capital francesa con su hermano Theo. Tenía 33 años y comenzó a formarse en el estudio de Cormon, pero pintó este cuadro en su estudio de Montmartre, donde se codeó con los grandes artistas de la época. Siempre se consideró un “pintor de campesinos”, así que no es de extrañar que pronto decidiera marcharse a Arlés.

    Allí, su sueño era crear un taller de artistas, donde todos trabajaran juntos, pero el único que acudió fue Paul Gauguin, a quien Theo convenció. Pero las semanas pasaron y los dos artistas discutían sin parar. En una de estas ocasiones, Van Gogh amenazó a Gauguin con un cuchillo y por la noche se cortó un trozo de la oreja izquierda, lo envolvió y se lo dio a una prostituta de un burdel de la ciudad.

“Autorretrato con oreja vendada”, Van Gogh, de Wikimedia Commons

    Gauguin se marchó en cuanto pudo y Vincent se internó voluntariamente en un hospital mental en Saint-Remy, debido a las numerosas alucinaciones que sufría. A partir de ahí fue la época más productiva de su vida. Toda su existencia estuvo marcada por la falta de dinero (y que Theo le pagara todo), el poco éxito de sus pinturas y sus problemas psiquiátricos. En 1890 se pegó un tiro en el pecho y dos días después murió.

Vincent, Don Mclean

    Un alma atormentada, con escaso apoyo por parte de sus contemporáneos y el amor casi incondicional de su hermano, fue el autor de estas botas. Las preguntas siempre han rodeado este cuadro, siendo especialmente importantes las reflexiones del filósofo Heidegger. Un genio o un loco, una vida o una tragedia, unos zapatos y una persona.

Pues bien, mi trabajo; arriesgo mi vida y mi razón destruida a medias –bueno- pero tú no entras entre los marchands de hombres, que yo sepa; y puedes tomar partido, me parece, procediendo realmente con humanidad, pero, ¿qué quieres?

Su última carta a Theo

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Una respuesta a Las botas de Vincent

  1. Pingback: Baja la cabeza y mira tus zapatos | ConCalzador

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